Por lo general, cuando pensamos en comunicación, lo hacemos en torno a la comunicación humana, sin embargo, otras especies animales también se comunican, y no solo los seres vivos, también los objetos inanimados lo hacen.
Las organizaciones, así como los seres humanos, no son entes aislados; existen en un entorno que los afecta y al que deben responder para no desvanecerse, por eso las organizaciones se definen como un sistema abierto (al menos en teoría), que se retroalimenta constantemente tanto del interior como del exterior.
También se ha encontrado que la actividad cerebral de regiones como la corteza orbitofrontal, el giro cingulado, la amígdala cerebral y el núcleo accumbens se relaciona con comportamientos agresivos y puede estar regulada por los niveles circulantes de testosterona (Delgado et al., 2018).